Porque el saber no muere, sino inspira...
¡Oh, musas, despertad ahora! ¡No nos abandonéis aún!

miércoles, 8 de agosto de 2018

Entre un árbol y un puente


Poesía como forma
de ser;
la que escribes es la punta de iceberg.

El verde en eterno conflicto con el gris
ciudad;
dónde estaríamos sin su lucha
ahora.

Respeta lo pequeño
pues pequeño eres
y menudo te verás
tarde o temprano.

Los comportamientos
cambian
pero es extraordinario que lo haga
la esencia.

La dignidad humana
se mide con su indignidad.
Lujos indignos
y privaciones heroicas.

Leer
atesora tan pocos
adictos.
Será porque es difícil
leer cansado, drogado, bebido, estresado,
carente de imaginación
y voluntad
y amor por la potencia
Humana.

lunes, 30 de julio de 2018

Diarios de Birmingham II


  El soñador a su pesar se sorprende sentado a una vieja mesa, sobre una silla vieja, frente a su ordenador, junto a unos libros. Las tres paredes que le enmarcan exponen clavos vacíos, un reloj de bajo gusto parado a las nueve y un minuto, escayola levantada sobre el ladrillo en las partes en que aquella se acerca a la madera. Un par de talismanes que él mismo puso ahí. Una ventana con cráteres sobre los que se siguió aplicando pintura. Una lámpara en el techo con forma de tarta invertida, que da una buena luz cuando al día sigue la noche. El crédulo cínico se sorprende de lo repetido de su presente situación (libros, soledad, luz blanca) pese  a lo novedoso de la misma. Ya no está en su lugar, en el que fue su lugar. Ahora está en otro, más gris, con gaviotas y cuervos, más idiomas, religión, arañas, agua en el suelo. Sus ojos contemplan los mismos miles de ladrillos que muchos obreros contemplaron al dirigirse, como él, a sus jornadas laborales. Ahora hay más coches –demasiados–, más gente  –demasiado gorda–, más teléfonos, más plástico en el suelo. Da la sensación de ser un bosque de ladrillo que, como el de planta, ha visto cambiar la vida a su alrededor durante los últimos cientos de años. La razón de ser de este mundo es, probablemente, ninguna. Cuanto mayor es la claridad de este mensaje, más crece la necesidad humana de inventarse viejos cuentos, buscar refugio en nuevas fes personales, grupales para cerciorarnos de que no estamos locos. Compra, cree, exhibe. Todo es compatible. Todo puede serlo. Sonríe y mata. Baila sin saber quién eres. Píntate otra raya. Alejemos de nosotros esa carga que llamamos alma y que no es más que la inteligencia queriendo ser sincera. 

  El hombre al que observamos se envejece, mas vive varias vidas dentro de sí. Le gusta la mesa sobre la que escribe, le gusta encontrarse solo, y le gustaría encontrarse en compañía. ¿Qué es lo que realmente nos satisface? ¿Y cuál es su esperanza de vida? Si el ser humano se crea nuevas necesidades, la del cambio permanente es una de ellas. Hablo de un cierto ser humano, el homo decadentis, aquel que conoce el lujo de confundir hambre con apetito, poder con posesión y gritos con silencio. Si estás leyendo esto, sonríe: eres parte de lo nuevo, sujeto y objeto de consumo con el potencial de ser prontamente remplazado por versiones más ciegas, sordas y mudas. También tú temes lo que el mar esconde y prefieres al faraón, y pronto lo dirán las revistas más leídas: la ignorancia es saludable al pobre como al que posee. Situémonos, pues, entre los bienaventurados. En seguida nos acompañará el joven que escribe, quien ya se rasca la amplia frente y la nariz no menos amplia, señal inequívoca del agotamiento de su voluntad para seguir formulando sinsentidos.

Fotografía del autor. Birmingham, UK


martes, 26 de junio de 2018

Diarios de Birmingham I


  Hace tiempo que no me sale la poesía. No, sucede que no me la planteo. No se trata de intentarlo y verse seco. No siento el impulso que antes sentía a escribir en verso para liberar algo. Tampoco es que me preocupe; ya volverá.
  Me paro a pensar y surge una hipótesis: el período en que dejé de escribir poesía coincide poco más o menos con aquel en el que tomé la decisión de irme de España. Lo importante no era abandonar el país, obviamente. Lo importante era darme un objetivo a mí mismo, caminar con una ruta, algo que llevaba años sin hacer. Nadie debería despreciar los cambios psicológicos que el hecho de contar con una intención, o el hecho de no hacerlo, desencadenan.

  Escribo cuando aún no se ha cumplido una semana del que es el mayor cambio en la historia de mi vida, y esto lo reconozco con cierta vergüenza. Sencillamente, me he ido a una ciudad que no conozco, conseguido una habitación en alquiler, parece que un trabajo para ir tirando (la prueba es en unos días), y muchas más cosillas que le mantienen a uno ocupado y preocupado hasta que las tiene solucionadas. El objetivo sigue ahí, su primera cima adivinándose en un horizonte cada vez más cercano: volver a la universidad, otro Máster. Mi yo pasado reprobaría esta vuelta al redil, pero creo que hago lo correcto; y ello no es estudiar más, es hacerlo en otro país, es experimentar la emigración (de tipo con carrera y buen inglés, tremendas ventajas: soy consciente), la soledad temporal y la sorpresa ante uno mismo.
  Leía hace poco de algún autor, por desgracia no recuerdo el nombre, que muchas cosas nos parecen imposibles hasta que las hemos hecho. Mi psicología es así. Debido a algún tipo de malformación mental producida allá por mi infancia, siempre me he sentido inseguro, poco capaz; mis logros no eran nada en comparación con cuanto no había hecho y, en mi propio juicio, no podría hacer. Me faltaban agallas. ¿Y qué es eso? La agalla es un organismo que se genera en el ser humano cuando cree en sí mismo por encima de su miedo. Hace que las cosas sean posibles. Se multiplican por autoestimulación, más que nada. Salté el primer bache, tráiganme dos. Y así.

  Pero hablemos de Birmingham de una vez por todas; del que yo experimento.
  Es una ciudad que crece. Tiene un pasado materialmente pobre, poco agraciado. Hay edificios de ladrillo rojo o negro por todos lados: al girar la esquina de donde vivo hay algunos que tienen poco que envidiar a los campos de concentración más robustos. Ventanas rotas se adivinan a través de algunas rejas oxidadas. Me llama la atención el hecho de que a menudo al otro lado hay empresas, oficinas... Tengo una Borshch de electrodomésticos a pocos metros que, sin estar tan mal, sería impensable en la mayoría de ciudades españolas. Creo que por dentro es enorme -no he estado-, pero la entrada no luce muy apetecible; mas a nadie parece importarle, y a menudo hay familias de visita.
  Decía que crece, y es que en el mismo barrio del que hablo, Digbeth, dos calles más allá puedes encontrarte con mercados ecológicos, cervecerías con exposiciones de arte, museos rarísimos, más arte en graffiti, etc. Recorre esta parte de la ciudad un tren elevado, y los enormes arcos que sostienen la estructura por la que circula, de nuevo en negro ladrillo, dejan espacio en algunos lugares a pantallas donde reunirse a ver el fútbol o quizás algún concierto. Es zona de jóvenes y fiesta, con los consiguientes cristales rotos.
  En el centro propiamente dicho, más comercial y de edificios altos que ya no tienden al ladrillo, es donde se encuentra el ajetreo continuado y las grandes obras. Hay, en verdad, muchas grúas. Uno de los edificios, según me ha dicho un amigo español ingeniero que está metido en el ajo, va a ser la nueva sede del HSBC (uno de los mayores bancos del mundo), que se traslada desde Londres. Es significativo, y habla del futuro que espera a Birmingham, salvo cambios inesperados.

  Por esas calles comerciales, New Street es un ejemplo, encontramos un flujo contínuo de gente de todo tipo y etnia. No tiene nada que ver con lo que se ve en mi ciudad natal, Valencia. Unos regalan a voz amplificada copias del Qur'an en inglés mientras a pocos metros otros reparten cómics sobre la condenación de tu alma si vives atado a la racionalidad y fuera del camino de Cristo (es verídico: no me pude resistir a ojearlo en el camino), y entre ambos grupos un fulano toca la batería o la guitarra eléctrica para sacarse unas libras. Burkas y hijabs, gente proviniente del subcontinente Indio, Extremo Oriente y del Caribe, y, por supuesto, anglosajones, mezclados con algún que otro eslavo y latino... Confieso que los que más me incomodan son los ingleses grandes, calvos y borrachos, del subtipo "lanzador de martillo"; los encuentras en las puertas de algunos locales y te preguntas a cuántos metros podrían arrojarte.
  ¡Los canales! Casi me olvido de ellos. Surcan la ciudad por muchos sitios y le otorgan sus rincones más pintorescos, con sus largas barcas habitadas, los pequeños puentes y los numerosos bares y terrazas. Pasar por ahí al sol de junio es una delicia. A la lluvia y el frío que pronto vendrán merecerá otro apelativo. Ya contaré.

Fotografía del autor

  Cuanto al carácter brummie, debe de haber de todo como en todas partes, pero a mí me están pareciendo amables y hasta prestos a ayudar. Me encuentro entre quienes sostienen que la gente nos parece más o menos simpática según nuestro propio prejuicio y predisposición, no obstante, y reconozco que yo vine con ganas de observar y no de juzgar. Lo bello de cambiar de país o de región es que te permite comparar, de manera que no sólo conoceré mejor a los habitantes de las West Midlands, sino que también me haré una idea más completa de los encantos y desencantos de los valencianos.

  Es todo por esta vez. Mis mejores deseos para cuanto acometáis y recordad: "enfrentaros a aquello que teméis os liberará de vosotros mismos". Otra frase que escuché o leí en algún sitio; más real que un dolor de muelas.

 Salud.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Demasiado Alien


No. ¡No! ¡No es así! Si quieres que te cuente lo que en realidad pasó allí vas a tener que dejar de hacer preguntas estúpidas. Cierra la boca y escucha: sé muy bien lo que vi y sé lo que no vi. 
   
   Los de la Catorceava no dejaron ver sus calvas por allí. Esos cabrones estuvieron en órbita hasta el último momento, y ahora dicen que fueron ellos quienes salvaron el día. Estoy seguro de que sólo decidieron bajar cuando vieron que ya habíamos perdido a la mitad de nuestros efectivos. El capitán Miles había sido alcanzado en toda la cara, cosido entre las dos mejillas, y lo único que hacía era escupir sangre. Que te revienten así los dientes debe doler como mil demonios, pero el tipo habría alterado sus señales nerviosas a tiempo. Se comunicaba con nosotros por el intermental. "Creo que esos cabrones me han volado la lengua, así que manteneos todos conectados. Fuego rápido al flanco. Fuego pesado contra los bichos grandes. Escuadra de antiaéreos, apuntad tres de vuestros flaks contra el edificio del centro. Triturad cualquier cosa que abandone sus defensas. Me parece que tendremos fiesta para rato"


domingo, 13 de mayo de 2018

La pareja

  
  Ella habla y habla de conciertos a los que fue, cosas divertidas o sorprendentes que le sucedieron, o que vio, o que le contaron. Ella habla y habla. Ella lleva gafas de sol, en la mesa bajo la sombrilla. Él la mira y asiente levemente, cada tantos segundos. Apoya su cara, su cabeza entera, sobre el puño derecho, que va hasta el codo, en la mesa sobre el suelo. Obviamente está aburrido, pero ella no se da cuenta o lo que cuenta es demasiado importante para callarlo. Nadie debería hablar durante tanto tiempo sobre temas tan irrelevantes. Nadie debería hablar con esas gafas de sol que impiden ver la mirada. Sientes que eres un puro receptor. Te ves reflejado y ves tu cara de ente pasivo dilatada por el cristal azulado. Estás frente a un espejo que habla. Tienes que esforzarte por no hacer cualquiera de las cosas que harías en la intimidad, como hurgarte la nariz. Tienes que mantener la compostura de quien está frente a otra persona, aunque esa persona hable como una radio y oculte sus ojos en algún lugar. Tanto daría que los tuviese bizcos o en blanco, tú sólo puedes imaginarlos.

  Yo leo en la mesa de al lado y siento compasión por el muchacho. Podría leerle en voz alta sobre el viaje del protagonista por el Tíbet, sobre las nieves y el viento, el accidentado Mitsubishi que chirría pero avanza, los yaks y los mastines, la cinta de radio con música india, el chino  indispuesto en el asiento de atrás. Sobre la belleza de conducir –más que ser conducido- por carreteras lejanas en paisajes de otro mundo. Sentarse al volante siempre da seguridad y una forma de orgullo: estás al cargo de todo. Es exactamente lo contrario a sentarse frente a una voz oculta tras unas gafas brillantes.Y sonreir. 


Fotografía tomada en algún lugar de Teruel, España.

sábado, 21 de abril de 2018

Noticias de actualidad


Expertos de todo pelaje corroboran que:

Los halcones de Tomás anunciados por twitter visitan a los resilientes sirios. Por supuesto se presentaron sin consultar a nadie. Parece que a todos gustan los halcones de Tomás mientras sean otros los objetos de su visita.

Viajar en tren es la mejor forma de observar el paisaje y sus cambios y continuidades. En avión todo es muy rápido y lejano. Andando dispones de demasiado tiempo para observar, es lento; sólo es recomendable si caminas ante un bello cuadro. Puedes aplicar la misma norma de proporcionalidad inversa entre los factores de velocidad y belleza a cualquier aspecto de la vida, donde siendo x  el grado de demora y b el éxtasis que la visión ejerce sobre el sujeto, obtendremos que  x = (km/h) : b;  mientras que x = (min/sx) * b .

Algunos jóvenes -científicos de la universidad de Wisconsin los han calificado como "demasiados"- llevan la relación entre la tecnología móvil y su ego hasta cotas de estupidez que hacen torcer el gesto a las mismísimas estatuas del Buda. A los arqueólogos les preocupa que ello pueda suponer un daño irreparable al patrimonio. Se espera que dichos adolescentes recuperen la salud de manera semiautomática en el futuro, aunque aún no se dispone de los suficientes casos de estudio para lanzar predicciones optimistas. Asímismo, la redacción de este periódico recibió el pasado viernes alarmantes noticias relacionadas con un caso comparable ocurrido en la otra parte del globo. Al parecer distintas representaciones de Mictecacihuatl, diosa azteca del inframundo, han empezado a llorar sangre con sabor a mermelada al ser expuestas por accidente a frases de motivación para emprendedores en el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México.

Los sentimientos son reales hasta que dejan de serlo. Como una coliflor. Son biológicos, animados, de distintos órdenes, familias y especie. Surgen, se pudren y desaparecen. Como un mamut. Si un mamut se junta con una coliflor la realidad sentimental no aguantará mucho.

Putin es muy malo. Dicen que planea invadir o bombardear Libia, Irak (dos veces), Afganistán, Panamá, Somalia, Vietnam, Camboya, Laos, la isla de Granada, Haití, República Dominicana, México, Japón, Corea y algunos lugares más; apoyar dictadores y regímenes autoritarios en Chile, Argentina, España, Filipinas, Vietnam, Indonesia, Arabia Saudita, Grecia, Portugal, Turquía, Irán, Irak, Pakistán, Sudáfrica, Cuba, Uruguay, Paraguay, República Dominicana, Venezuela y muchos otros sitios; ejercer bloqueos sobre países que no se ciñan a su política exterior. Todo ello en pos de convertir a la nación que gobierna en una superpotencia con un destino manifiesto, hacer del presente el siglo americano, digo, ruso, y defender sus intereses allá donde se vean atacados. Putin es el peor villano. Fijaos bien en sus ojos. Además no es muy alto.

Los perros pueden ser realmente unos plastas, aunque no logren superar a sus maestros. Los gatos están bien.

Facebook te vigila. Tu teléfono te vigila. Tu madre te vigila. Todo esto ya lo sabías pero si lo dicen por la tele es que es importante.

Diosa azteca del inframundo (y madre de Vladimir Putin) tras el incidente, 
convenientemente limpiada por el personal del museo.




domingo, 8 de abril de 2018

Tantas plumas de colores


Viajad. ¡Viajad, malditos! Este es el mantra en la era de las redes sociales y el sharing. Como alguien dijo respecto al sexo, uno viaja para contarlo… y hoy lo cuenta con fotografías. Para que el mensaje sea más claro, en la instantánea debe aparecer su misma persona. Es difícil resistirse a la manía, pues se establece una especie de competición, y el impulso del rebaño apremia. Imagina estar en una hilera, oír un tiro y ver a todos salir corriendo en una misma dirección. Ya están a diez metros de ti. Luego a veinte… Quedarte parado te produce una cierta desazón, una sensación de peligro incluso. Lo mismo sucede con las manías compartidas. Lo mismo sucede con esto del viajar para contarlo.

Y está muy bien. Me reconozco en el mismo grupo que critico, aunque viaje poco. En una semana estaré en los bosques de Baden-Baden. ¿Que no sacaré alguna foto para hacer constar en la red que también yo disfruto de la vida, que soy un alma libre y con voluntad de conquista? Cada nuevo like me otorgará un sutilísimo placer en alguno de mis hilajos neuronales. Ahora saben que estuve allí. Ojalá sientan envidia. Ojalá me acepten en su comunidad no fundada de gente bien que viaja sonriendo.

Espero algún día viajar mucho más que hoy. Hacerlo no ya por placer o sprint social, sino por trabajo, pero todavía con el gusto de descubrir lugares y gentes. Espero viajar tanto que pueda recordar y olvidar teterías, fruterías, camareras y campanas. Llevarme algún susto y que todo salga bien. Viajar leyendo y viajar escribiendo, y que sólo sean otros quienes se fotografíen a mi lado, por el fútil deseo de rememorar, compartiendo un río, una charla y una pésima comida.