Porque el saber no muere, sino inspira...
¡Oh, musas, despertad ahora! ¡No nos abandonéis aún!

domingo, 4 de noviembre de 2018

Alter

La ingorancia juega en contra de la piedad
y vivimos ignorantes
de nuestras fronteras.
Las de nuestros mares y carreteras,
las de nuestros barrios,
puertas,
las de nuestras cárceles
y mataderos.

Vivimos ignorando a nuestros semejantes
parando atención en lo que los distingue
de nosotros:
en cuanto nos hace únicos.

Nos han convertido,
nos hemos convertido
en Individuos,
suscritos a lo conveniente
para mí.

Y cuando lo que es tuyo
no esté bien, amigo,
¿en quién buscarás cobijo?
¿Lograrán los gritos conmover
tus hoy seguras paredes?

martes, 16 de octubre de 2018

Requiem


Fuera llueve. En el aula, una chica se lamenta continuamente de la situación en Estados Unidos -desde donde ella ha venido a Inglaterra a atender un máster en lo que se decide por otro; quiere trabajar en la ONU.
  Lamenta que la gente sea tan estúpida como para votar a Trump. Lamenta que los blancos sean tan estúpidos como para tratar mal a los negros. Nos pregunta por qué a nivel internacional unos Estados se aprovechan de la debilidad de otros. Se queja de que los tabloides sensacionalistas en Reino Unido hablen mal en sus portadas de los inmigrantes, de los refugiados, de los musulmanes. Declara que venimos a estudiar a vuestras universidades, pagamos mucho dinero, y vosotros (los ingleses; la profesora, de origen pakistaní, resulta indirectamente acusada) no hacéis más que hablar mal de los no ingleses. El punto en que la situación de esta estudiante se asemeja a la de la mayoría de inmigrantes no queda claro.
  Ella no necesita levantar la mano para hablar, lo que denota su costumbre de ser escuchada. Cree que cuanto piensa u opina es importante, y por eso acapara buena parte del tiempo de las clases dando voz a su inteligencia. La profesora, como los otros estudiantes, no se opone a la injusticia. Los compañeros lo comentan fuera del aula, "qué odiosa es esta chica", pero nada más. Son el futuro de la política europea.

Es triste que estos estudiantes de "políticas" sean tan jóvenes. De haber tenido unos años más quizás atesorarían algo de roce con el pensamiento marxista. Siquiera un poquito. No hace daño. 
  Discutiendo con la aristócrata arriba descrita me dí cuenta de algo: quienes como ella se quejan de cuantos culpan de sus problemas a "los otros" como parte de sus programas políticos y propagandísticos, a su vez se incluyen en un segmento concreto y se victimizan respecto a, cuidado, otros grupos vistos como -al menos intelectualmente- inferiores. Así, el problema de Estados Unidos es que todos oprimen a los negros, y como nuestra estudiante-visitante en Reino Unido tiene la piel de ese color, es una víctima. En ningún caso lo es del sistema: lo es del racismo blanco. Y eso lo acapara todo.
  Intento razonar con ella siguiendo una idea lanzada por la profesora poco antes, la del contexto, y la amplia mira que da el estudio de la historia. No seas presentista, le digo. Se trata de relaciones de poder, de discursos y de modificación de las percepciones. En el Imperio otomano los más blancos eran muy valorados como esclavos. Hay aquí algo más en juego que el racismo y la xenofobia con que los populistas mueven a las masas más golpeadas por el desempleo. Y tú, de paso, estás cayendo en su juego, al no querer mirar al bosque.
  Es inútil, no hay nada que hacer. En sus divagaciones pasa de un tema al siguiente hasta acabar a pársecs del argumento inicial. Doy el caso por perdido y espero que la vida se encargue de enseñarle algo, como aun tendrá que hacer conmigo.

Lo bueno de esta breve discusión es que me hace pensar un poco más en el significado de todo ello: la belleza de una ideología cuasi religiosa que identificaba a una clase -transnacional y transracial- en clave de lucha con otra clase, la explotadora; belleza ahora aumentada cual la de las construcciones antiguas poco a poco engullidas por las arenas del tiempo.

Los billonarios no tienen etnia ni religión ni nacionalidad que les separe. Se llevan bien con aquellos que comparten sus intereses, alrededor del globo. Empatizan. Es la fórmula del éxito. 
  La otra clase, sin embargo, llamémosla media y/o trabajadora, sigue consumiendo los discursos autoinmoladores de raza, religión y victimismos varios. En tiempos de crisis los degusta con especial ahínco. Engulle identidades excluyentes. Se divide en taifas. El desempleado italiano se ve amenazado por el refugiado sirio, el yankee por el hispano, el pobre por el más pobre. Nadie se ve amenazado por las tendencias sistémicas que generan desempleo o conflictos armados. Aquello es cosa de rojos, y fue con puntería lanzado al cajón de los anacronismos para beneficio del discurso único. La oposición romántica o utópica a este Discurso ya no queda en los guantes de una clase obrera sin fronteras, sino en los del fascismo, el extremismo religioso y sus combinaciones. Diferencia y miedo. Para mí algo de nostalgia.

Los jóvenes privilegiados venidos de la Europa y la América a estudiar sobre las fuerzas que gobiernan el mundo ni siquiera saben de qué les hablas cuando les hablas de todo esto. Y uno piensa, con fundación, que la batalla ha terminado y que los viejos Titanes han sido machacados por unos cuantos Olímpicos con mejores estrategias y medios.



martes, 9 de octubre de 2018

Una vieja conocida

De nuevo anudo la correa al cuello
y la ato al mástil del bailante barco.
Observaré lo que de otra forma no vería,
mas no dirigiré la nave
y pagaré el precio de no escoger
dónde fijarme,
hasta un punto.

Un viaje de un solo año,
con fuerte trabajo a bordo,
y vaivén, bamboleo, balanceo;
acabaré con la vista más nublada,
pero, quizás, pudiendo ver más lejos.

La nao Academia tendrá un día que atracar,
para, como siempre, dejar lo que vino a dejar.
Ahí es cuando me escabulliré
au revoir, amici,
y buscaré en cualquier otro lugar.

¡Caramba! ¡El desierto o una selva,
pero no otra vez el mar!

lunes, 20 de agosto de 2018

Fundido en blanco

Imagina el sexo de quienes de verdad se aman,
maravilla que no por terminar deja paso al vacío.
La experiencia de dormir entonces
debe ser lo que más nos acerca
a aquel vientre originario.
Es este un suceso que, como cualquier ente vivo,
está destinado a su final.
Pero cuántas veces han poblado los amantes
el mundo con sus sonrisas,
que contemplan entre lágrimas a quien semeja
-siquiera temporalmente-
una aparición que siempre estuvo cerca,
como conocida de otras vidas.
Estos ritos pueblan
el mundo
como las estrellas se acumulan
sobre los campos verdes agitados
por una brisa suave,
al sonido de instrumentos de cuerda
que también emocionaron
y lo harán.

Dónde queda nuestro contacto con lo extraño
en las ciudades.
La sensación de encogimiento que podemos sentir
junto a una hoguera, bajo el cielo estrellado,
cuando la voz de un amigo
parece todo
Fotografía del autor. Baden-Baden
lo que hay
bajo el firmamento.
La astilla que explota
te devuelve al instinto
y la imaginación se acrecienta
al tratar de elucubrar
qué habrá en el negro bosque.

La música, el amor, el miedo primitivo,
la fascinación por lo pequeño, las hormigas que marchan ocupadas,
o por lo lejano, los astros que podemos ver y que distan imposibles
de nosotros,
como vecinos de los que jamás tendremos noticia.

Es todo fascinante
la matemática en una sinfonía
que...
¿qué?

- Turbio, que mejor me alcances esa pipa. Tú no fumas más. Mañana nos van a dar por todos lados. Y después toca limpieza a fondo, que vienen los de inspección el lunes. Así que... ale, tú veras lo tarde que te acuestas. Fuera de mi cuarto.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Entre un árbol y un puente


Poesía como forma
de ser;
la que escribes es la punta de iceberg.

El verde en eterno conflicto con el gris
ciudad;
dónde estaríamos sin su lucha
ahora.

Respeta lo pequeño
pues pequeño eres
y menudo te verás
tarde o temprano.

Los comportamientos
cambian
pero es extraordinario que lo haga
la esencia.

La dignidad humana
se mide con su indignidad.
Lujos indignos
y privaciones heroicas.

Leer
atesora tan pocos
adictos.
Será porque es difícil
leer cansado, drogado, bebido, estresado,
carente de imaginación
y voluntad
y amor por la potencia
Humana.

lunes, 30 de julio de 2018

Diarios de Birmingham II


  El soñador a su pesar se sorprende sentado a una vieja mesa, sobre una silla vieja, frente a su ordenador, junto a unos libros. Las tres paredes que le enmarcan exponen clavos vacíos, un reloj de bajo gusto parado a las nueve y un minuto, escayola levantada sobre el ladrillo en las partes en que aquella se acerca a la madera. Un par de talismanes que él mismo puso ahí. Una ventana con cráteres sobre los que se siguió aplicando pintura. Una lámpara en el techo con forma de tarta invertida, que da una buena luz cuando al día sigue la noche. El crédulo cínico se sorprende de lo repetido de su presente situación (libros, soledad, luz blanca) pese  a lo novedoso de la misma. Ya no está en su lugar, en el que fue su lugar. Ahora está en otro, más gris, con gaviotas y cuervos, más idiomas, religión, arañas, agua en el suelo. Sus ojos contemplan los mismos miles de ladrillos que muchos obreros contemplaron al dirigirse, como él, a sus jornadas laborales. Ahora hay más coches –demasiados–, más gente  –demasiado gorda–, más teléfonos, más plástico en el suelo. Da la sensación de ser un bosque de ladrillo que, como el de planta, ha visto cambiar la vida a su alrededor durante los últimos cientos de años. La razón de ser de este mundo es, probablemente, ninguna. Cuanto mayor es la claridad de este mensaje, más crece la necesidad humana de inventarse viejos cuentos, buscar refugio en nuevas fes personales, grupales para cerciorarnos de que no estamos locos. Compra, cree, exhibe. Todo es compatible. Todo puede serlo. Sonríe y mata. Baila sin saber quién eres. Píntate otra raya. Alejemos de nosotros esa carga que llamamos alma y que no es más que la inteligencia queriendo ser sincera. 

  El hombre al que observamos se envejece, mas vive varias vidas dentro de sí. Le gusta la mesa sobre la que escribe, le gusta encontrarse solo, y le gustaría encontrarse en compañía. ¿Qué es lo que realmente nos satisface? ¿Y cuál es su esperanza de vida? Si el ser humano se crea nuevas necesidades, la del cambio permanente es una de ellas. Hablo de un cierto ser humano, el homo decadentis, aquel que conoce el lujo de confundir hambre con apetito, poder con posesión y gritos con silencio. Si estás leyendo esto, sonríe: eres parte de lo nuevo, sujeto y objeto de consumo con el potencial de ser prontamente remplazado por versiones más ciegas, sordas y mudas. También tú temes lo que el mar esconde y prefieres al faraón, y pronto lo dirán las revistas más leídas: la ignorancia es saludable al pobre como al que posee. Situémonos, pues, entre los bienaventurados. En seguida nos acompañará el joven que escribe, quien ya se rasca la amplia frente y la nariz no menos amplia, señal inequívoca del agotamiento de su voluntad para seguir formulando sinsentidos.

Fotografía del autor. Birmingham, UK


martes, 26 de junio de 2018

Diarios de Birmingham I


  Hace tiempo que no me sale la poesía. No, sucede que no me la planteo. No se trata de intentarlo y verse seco. No siento el impulso que antes sentía a escribir en verso para liberar algo. Tampoco es que me preocupe; ya volverá.
  Me paro a pensar y surge una hipótesis: el período en que dejé de escribir poesía coincide poco más o menos con aquel en el que tomé la decisión de irme de España. Lo importante no era abandonar el país, obviamente. Lo importante era darme un objetivo a mí mismo, caminar con una ruta, algo que llevaba años sin hacer. Nadie debería despreciar los cambios psicológicos que el hecho de contar con una intención, o el hecho de no hacerlo, desencadenan.

  Escribo cuando aún no se ha cumplido una semana del que es el mayor cambio en la historia de mi vida, y esto lo reconozco con cierta vergüenza. Sencillamente, me he ido a una ciudad que no conozco, conseguido una habitación en alquiler, parece que un trabajo para ir tirando (la prueba es en unos días), y muchas más cosillas que le mantienen a uno ocupado y preocupado hasta que las tiene solucionadas. El objetivo sigue ahí, su primera cima adivinándose en un horizonte cada vez más cercano: volver a la universidad, otro Máster. Mi yo pasado reprobaría esta vuelta al redil, pero creo que hago lo correcto; y ello no es estudiar más, es hacerlo en otro país, es experimentar la emigración (de tipo con carrera y buen inglés, tremendas ventajas: soy consciente), la soledad temporal y la sorpresa ante uno mismo.
  Leía hace poco de algún autor, por desgracia no recuerdo el nombre, que muchas cosas nos parecen imposibles hasta que las hemos hecho. Mi psicología es así. Debido a algún tipo de malformación mental producida allá por mi infancia, siempre me he sentido inseguro, poco capaz; mis logros no eran nada en comparación con cuanto no había hecho y, en mi propio juicio, no podría hacer. Me faltaban agallas. ¿Y qué es eso? La agalla es un organismo que se genera en el ser humano cuando cree en sí mismo por encima de su miedo. Hace que las cosas sean posibles. Se multiplican por autoestimulación, más que nada. Salté el primer bache, tráiganme dos. Y así.

  Pero hablemos de Birmingham de una vez por todas; del que yo experimento.
  Es una ciudad que crece. Tiene un pasado materialmente pobre, poco agraciado. Hay edificios de ladrillo rojo o negro por todos lados: al girar la esquina de donde vivo hay algunos que tienen poco que envidiar a los campos de concentración más robustos. Ventanas rotas se adivinan a través de algunas rejas oxidadas. Me llama la atención el hecho de que a menudo al otro lado hay empresas, oficinas... Tengo una Borshch de electrodomésticos a pocos metros que, sin estar tan mal, sería impensable en la mayoría de ciudades españolas. Creo que por dentro es enorme -no he estado-, pero la entrada no luce muy apetecible; mas a nadie parece importarle, y a menudo hay familias de visita.
  Decía que crece, y es que en el mismo barrio del que hablo, Digbeth, dos calles más allá puedes encontrarte con mercados ecológicos, cervecerías con exposiciones de arte, museos rarísimos, más arte en graffiti, etc. Recorre esta parte de la ciudad un tren elevado, y los enormes arcos que sostienen la estructura por la que circula, de nuevo en negro ladrillo, dejan espacio en algunos lugares a pantallas donde reunirse a ver el fútbol o quizás algún concierto. Es zona de jóvenes y fiesta, con los consiguientes cristales rotos.
  En el centro propiamente dicho, más comercial y de edificios altos que ya no tienden al ladrillo, es donde se encuentra el ajetreo continuado y las grandes obras. Hay, en verdad, muchas grúas. Uno de los edificios, según me ha dicho un amigo español ingeniero que está metido en el ajo, va a ser la nueva sede del HSBC (uno de los mayores bancos del mundo), que se traslada desde Londres. Es significativo, y habla del futuro que espera a Birmingham, salvo cambios inesperados.

  Por esas calles comerciales, New Street es un ejemplo, encontramos un flujo contínuo de gente de todo tipo y etnia. No tiene nada que ver con lo que se ve en mi ciudad natal, Valencia. Unos regalan a voz amplificada copias del Qur'an en inglés mientras a pocos metros otros reparten cómics sobre la condenación de tu alma si vives atado a la racionalidad y fuera del camino de Cristo (es verídico: no me pude resistir a ojearlo en el camino), y entre ambos grupos un fulano toca la batería o la guitarra eléctrica para sacarse unas libras. Burkas y hijabs, gente proviniente del subcontinente Indio, Extremo Oriente y del Caribe, y, por supuesto, anglosajones, mezclados con algún que otro eslavo y latino... Confieso que los que más me incomodan son los ingleses grandes, calvos y borrachos, del subtipo "lanzador de martillo"; los encuentras en las puertas de algunos locales y te preguntas a cuántos metros podrían arrojarte.
  ¡Los canales! Casi me olvido de ellos. Surcan la ciudad por muchos sitios y le otorgan sus rincones más pintorescos, con sus largas barcas habitadas, los pequeños puentes y los numerosos bares y terrazas. Pasar por ahí al sol de junio es una delicia. A la lluvia y el frío que pronto vendrán merecerá otro apelativo. Ya contaré.

Fotografía del autor

  Cuanto al carácter brummie, debe de haber de todo como en todas partes, pero a mí me están pareciendo amables y hasta prestos a ayudar. Me encuentro entre quienes sostienen que la gente nos parece más o menos simpática según nuestro propio prejuicio y predisposición, no obstante, y reconozco que yo vine con ganas de observar y no de juzgar. Lo bello de cambiar de país o de región es que te permite comparar, de manera que no sólo conoceré mejor a los habitantes de las West Midlands, sino que también me haré una idea más completa de los encantos y desencantos de los valencianos.

  Es todo por esta vez. Mis mejores deseos para cuanto acometáis y recordad: "enfrentaros a aquello que teméis os liberará de vosotros mismos". Otra frase que escuché o leí en algún sitio; más real que un dolor de muelas.

 Salud.